martes, 24 de abril de 2012

QUÉ ES AHORA LA EXTREMA DERECHA EN EUROPA


Hay pocos temas que revelen de una manera tan nítida el cambio de mentalidad que está viviendo nuestra sociedad como el del auge de las nuevas formaciones políticas de la derecha radical populista, cuyo episodio más reciente es el triunfo de Marine Le Pen con su 19% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales francesas. 

Como subraya Aitor Hernández-Carr, investigador del IGOP-UAB y consultor analista de SOCOL-Tecnologia social, en su estudio La derecha radical populista en Europa: discurso, electorado y explicaciones formaciones como el Frente Nacional francés, el Vlaams Berlang flamenco, los Partidos del Progreso escandinavos y el Partido de la Libertad austríaco comparten discursos a través de los cuales podemos leer nuestra sociedad. Entre ellos:

1. Apelan al hombre común. Frente a la extrema derecha del pasado, que priorizaba la defensa de un cierto orgullo nacional, los partidos actuales insisten en la defensa del hombre común frente a las élites, poniéndose de parte de ese ciudadano normal y corriente que está siendo "explotado" por los grandes poderes. Eso lleva a que estas formaciones “se apoyen ampliamente en esa sensación de ninguneo que tiene una parte de la población y que incorporen discursos de corte social, atacando al euro y a las políticas de recortes actuales”. De este modo se han granjeado muchas simpatías entre la clase trabajadora. 

En España estas clases trabajadores ven como los partidos socialistas y los sindicatos, así como la extrema izquierda, también se centran en promover intereses ajenos a los de los trabajadores, lo que no provoca un giro a la extrema derecha pero sí un abandono de sus apoyos.

2. Hacen valer la identidad frente a las amenazas exteriores. En un mundo cambiante, estos partidos tratan de preservar la cultura nacional, pero ya no para salvaguardar viejas esencias ligadas con una identidad de destino en lo universal, sino como refugio seguro respecto de un entorno que no acertamos a entender. 

En nuestro país la izquierda abandona la cultura nacional en favor de la cultura local, un regreso a la aldea que se enfrente a la amenaza exterior que se personifica en España.

3.  Han sustituido la raza por la cultura. “Ya no apelan al racismo biológico y la inferioridad de los inmigrantes, sino que resaltan la exterioridad de éstos respecto del grupo mayoritario”. Eso hace que se subrayen los problemas de convivencia que pueden provocar personas que tiene costumbres muy distintas de las nuestras, que se señalen las dificultades de integración “y que se critique la presencia excesiva de personas foráneas que pueden amenazar nuestros valores, estilos de vida y tradiciones”. 

Mientras en España la izquierda se abona a una mezcla de raza y cultura, el aldeanismo y el RH y la cultura local.

4.  La clase media y la obrera confluyen  en su electorado. El votante de este clase de partidos solía pertenecer a unas capas intermedias compuestas por pequeños empresarios, propietarios de pequeñas tiendas y autónomos, a los que se han unido, como se aprecia especialmente en la experiencia francesa, “trabajadores manuales, trabajadores de cuello blanco de rango inferior y desempleados”, llevándose así un buen número de votos que iban a parar tradicionalmente a la izquierda.

5. Tienen éxito entre los jóvenes y entre la adultez temprana. Las formaciones de esta derecha postindustrial ya no tienen que ver con ese votante de edad avanzada que tenía en la memoria tiempos mejores. Ya no son partidos nostálgicos, y por ello han encajado bien entre los treintañeros y entre los jóvenes. En gran medida, señala Hernández-Carr, porque éstos poseen una mucho menor identificación partidista que sus mayores. “Hay gente que tiene discursos contra la inmigración muy duros, pero como están habituados a votar a las fuerzas tradicionales de derecha o de izquierda, siguen haciéndolo. Los jóvenes, por el contrario, están mucho más abiertos a partidos nuevos. Además, hablamos de formaciones que se presentan como rupturistas, lo que las hace aún más atractivas a sus ojos”.

6. Ofrecen respuestas simples y directas a problemas complejos.  La más habitual era la que señalaba a los inmigrantes como la causa del descenso en nuestro nivel de vida, pero ese estrato poblacional ha dejado paso a una capa mucho más desgastada, la política. Como asegura Hernández-Carr, “hace ya dos décadas que nuestros dirigentes están perdiendo legitimidad, pero la crisis ha acelerado notablemente el proceso. La sensación de impotencia con que están viviendo los ciudadanos esta crisis la han focalizado en los políticos, cuyas limitaciones a la hora de ejercer el poder se han vuelto mucho más evidentes, lo que ha provocado que se conviertan en los primeros culpables de que las cosas vayan mal”.

7. La percepción del deterioro económico es un motor de su éxito. No se trata sólo de que quienes han salido perdiendo en el nuevo contexto voten a estos partidos, sino que su influjo se ha extendido a esos sectores de la población que contemplan preocupados cómo el nivel de vida está descendiendo a su alrededor. “Hay una sensación muy fuerte de angustia hacia el futuro que hace que se busquen discursos muy claros. El de la autoridad y el orden es uno de ellos”. Y en varios sentidos, porque no se trata sólo de que se requiera mano firme contra problemas cotidianos, sino que se demandan líderes fuertes que sepan poner orden en una sociedad que está perdiendo su norte, también en lo económico: “Ese discurso de recuperación de la soberanía nacional frente a la UE que ha utilizado Le Pen tiene que ver con esta tendencia”.

8. Es un movimiento reformista, pero que cambiará las cosas. “Si el fascismo era revolucionario, la nueva derecha es reformista, porque quiere transformar la sociedad pero manteniendo el marco legal actual. No busca otro tipo de Estado, sino que quiere introducir novedades en la democracia. Hay una encuesta reveladora según la cual uno de los aspectos que más valoraba la gente de la dirigente del Frente Nacional era que realmente quería cambiar Francia y que su llegada al poder implicaría novedades reales”. Aunque está por verse hasta qué punto eso es cierto, porque “ninguno de estos partidos ha llegado a gobernar en solitario y  no sabemos si sus discursos son sólo para ganar votos o esconden intenciones verdaderas, lo cierto es que han provocado muchas simpatías entre los votantes”. En otro sentido, que se proclamen reformistas también ha provocado que muchas de sus propuestas puedan ser asumidas como propias por los partidos tradicionales, que buscan ganar votos haciendo guiños electorales a simpatizantes ajenos. Esto es, afirman los expertos, lo que hará Sarkozy para recoger en segunda ronda a los seguidores de Le Pen.

9. Los medios les prestan mucha atención. Televisiones y diarios recogen con mucha frecuencia noticias sobre sus líderes y dan notable cobertura a las temáticas que les son favorables pero, al mismo tiempo, suelen descalificarles y estigmatizarles. “Se da cierta fascinación con estos partidos y con sus líderes, aun cuando se les defina como marginales. Cuando ni siquiera era regidor en Vich, Josep Anglada ya gozaba de una atención mediática constante”. 

En España, en cambio, a quien se presta atención es a la extrema izquierda a la que se presenta como demócrata y constitucionalista, a pesar de promover reformas antidemocráticas y de desear acabar con la Constitución para imponer una dictadura de corte castrista.

10. Por qué no funcionan en España. La excesiva vinculación de la extrema derecha española con el franquismo. La no consolidación de la inmigración como un eje de confrontación política, lo que no tardará mucho en llegar, o la monopolización del potencial espacio electoral de la derecha por el PP son motivos que explicarían un mayor respaldo a esta clase de partidos en el suelo político español.  Pero hay otro factor, como la inexistencia de un líder fuerte y sólido, que ayuda a que no sean visibles. “Estos partidos necesitan una militancia que se patee las calles, por lo que han de contar con un líder que cree empatía y que no esté marcado como extremista y que, al mismo tiempo, sea aceptado por las diferentes corrientes de la derecha radical, lo cual no es sencillo”.




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